Está más claro que nunca que demasiada parte de la tecnología de la que depende el mundo está controlada por unos pocos gigantes tecnológicos, la mayoría con sede en Estados Unidos y China.
El almacenamiento en la nube, el alojamiento web, el correo electrónico, las redes sociales, las videollamadas, las plataformas de comunicación y las herramientas básicas de productividad que las empresas y los gobiernos usan a diario se han convertido en infraestructuras esenciales. La economía moderna no puede funcionar sin ellas. Y el control sobre esas infraestructuras otorga tanto a los proveedores como a los países cuyas leyes los rigen un poder desmesurado sobre todos los que dependen de ellas.
Llevamos un tiempo siguiendo esta concentración. Una investigación anterior reveló que el 74 % de las empresas europeas que cotizan en bolsa dependen de la tecnología estadounidense, lo que ha alimentado un debate más amplio en Europa sobre la seguridad económica, la soberanía digital y el riesgo geopolítico.
Ahora hemos descubierto que Canadá está aún más expuesto que Europa. Hemos analizado 220 empresas que cotizan en bolsa y que representan el 70 % de la capitalización total del mercado bursátil canadiense, y hemos comprobado que el 87 % depende de infraestructuras de propiedad estadounidense para su correo electrónico. Lo mismo ocurría con el 84 % de los 100 municipios más grandes. También hemos constatado que los 14 dominios de los gobiernos federales, provinciales y territoriales dependen de infraestructuras de correo electrónico estadounidenses.
Para que quede claro, el problema no es que estas empresas sean estadounidenses. El riesgo surge cuando demasiada parte de la infraestructura de la que depende el mundo queda bajo el control y la jurisdicción de un solo gobierno. En un momento de crecientes tensiones geopolíticas y negociaciones comerciales, creemos que es importante comprender plenamente las diferentes palancas que un país puede manejar sobre otro en la sombra.

Cómo hemos medido la dependencia de Canadá de la tecnología estadounidense
Hemos recopilado los datos con el mismo método que en nuestra investigación anterior en Europa. Mediante búsquedas de DNS públicas, identificamos los registros de intercambio de correo (MX) asociados al dominio de cada organización. Estos registros muestran qué empresas gestionan el correo electrónico de una organización, ya sea directamente o a través de un servicio de seguridad de correo electrónico.
En el caso de Canadá, hemos examinado tres partes de la economía y del sector público:
Gobiernos federales, provinciales y territoriales. Hemos examinado los 14 dominios federales, provinciales y territoriales. De ellos, los 14 dependen de Microsoft 365.
Empresas. Hemos analizado las 220 empresas del índice S&P/TSX Composite, que en conjunto representan alrededor del 70 % de la capitalización total del mercado bursátil canadiense. De las empresas analizadas, 161 usaban Microsoft 365 y nueve usaban Google Workspace para su infraestructura de correo electrónico.
Municipios. Canadá tiene más de 4000 gobiernos locales, así que nos hemos centrado en los 100 municipios más grandes del país por población. De ellos, 77 usaban Microsoft y uno usaba Google.
Por qué esto importa
El problema de esta situación es muy sencillo: una sola empresa, con sede en un único país y que opera bajo las leyes de ese país, gestiona el correo electrónico de los gobiernos de toda una nación del G7.
La legislación estadounidense otorga a ese país un poder real. En virtud de la ley CLOUD, las autoridades estadounidenses pueden obligar a las empresas tecnológicas estadounidenses a entregar los datos que custodian, incluidos los almacenados fuera de Estados Unidos. Cuando Estados Unidos impuso sanciones a la Corte Penal Internacional, por ejemplo, Microsoft cortó la cuenta de correo electrónico de la fiscal principal del tribunal(ventana nueva): un movimiento que Microsoft aseguró inicialmente a los parlamentarios británicos que había sido decisión de la CPI, para luego reconocer que ese testimonio era inexacto. El acceso a la infraestructura puede retirarse por motivos políticos y prácticamente de un día para otro.
AWS, Microsoft Azure y Google Cloud dan servicio a un 85 % estimado del mercado europeo de la nube, y cuando uno de ellos falla, los fallos se propagan en cascada. Una gran interrupción de AWS a finales de 2025 inutilizó aplicaciones de todos los sectores; nueve días después le siguió una interrupción de Azure(ventana nueva), que dejó Outlook, Teams y decenas de servicios empresariales sin conexión durante ocho horas.
Gran parte de la infraestructura de correo electrónico que usan las empresas y los gobiernos canadienses depende de Microsoft, lo que los deja expuestos al mismo tipo de interrupciones del servicio.
Sin embargo, estos riesgos existen con independencia de qué país ostente el poder. Un mundo en el que un gobierno pueda acceder legalmente a las comunicaciones centrales de otras naciones es el problema, sea cual sea ese gobierno y dondequiera que tengan la sede sus empresas.
Los canadienses ya están reaccionando
La dependencia que hemos medido en los sectores público y privado de Canadá se produce en medio de una ruptura más amplia de las relaciones entre Canadá y Estados Unidos, incluidos aranceles de represalia equiparados dólar a dólar y negociaciones comerciales que se rompieron de manera muy pública.
Este contexto ya está marcando la manera en que los canadienses ven su dependencia tecnológica. Un informe de Politico(ventana nueva) sobre el dilema de la soberanía digital de Canadá describe un país que traza su propio camino para reducir la dependencia de la tecnología estadounidense, y señala que su economía más pequeña y su industria tecnológica ligada a Estados Unidos limitan gravemente su poder de negociación. Esto refleja el cambio que documentamos en Europa durante el último año, cuando nuestra investigación reveló que el 73 % de los europeos cree que sus sociedades dependen demasiado de la tecnología estadounidense y que el 56 % afirma ahora que la infraestructura local les importa más que hace un año.
La posición de Canadá difiere de la de Europa en un aspecto importante: las instituciones europeas han pasado del diagnóstico a la legislación, y el paquete de soberanía tecnológica de la Comisión Europea compromete una financiación considerable para alternativas locales. Las instituciones canadienses no han anunciado planes de migración, y no somos quienes para pedirlo. Proton es una empresa suiza. Lo que podemos hacer es mostrar lo que dicen los datos y lo que implican para quienes dependen de estos sistemas, incluido lo que la lenta e imperfecta transición de Europa revela sobre lo difíciles que son estos cambios en la práctica.
Lo que cualquier organización puede hacer al respecto
Para las empresas e instituciones canadienses que evalúan su propia exposición, los primeros pasos son concretos:
Haz un inventario de todas las herramientas de terceras partes que uses: señala cuáles tienen la sede fuera de Canadá y cuáles de ellas están sujetas a la jurisdicción legal de un gobierno extranjero.
Identifica lo que detendría tus operaciones: ¿qué herramientas, si se cortaran mañana, paralizarían el trabajo? Esto debe incluirse en la planificación de la continuidad del negocio.
Comprueba dónde se encuentran tus datos: ¿las leyes de qué país los rigen? ¿Quién puede acceder a ellos y mediante qué proceso legal?
Prueba las alternativas: para la mayoría de las herramientas críticas hay alternativas canadienses y europeas disponibles, y algunas ofrecen herramientas integradas que facilitan el cambio, como Easy Switch de Proton.
Migra primero los servicios de mayor riesgo: la migración completa lleva tiempo. Empieza por los sistemas sin los que no puedes operar.
Cuando tu correo electrónico empresarial depende de empresas tecnológicas estadounidenses, expones a tu organización a riesgos estratégicos que, al final del día, escapan a tu control.






