Dos decisiones de la UE tomadas esta semana ilustran el estado de la soberanía digital en Europa.

Frente a las amenazas existenciales de EE. UU. y una asfixiante dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros, la Comisión Europea ha anunciado un ambicioso paquete legislativo sobre soberanía tecnológica(ventana nueva). La Comisión quiere que la UE compita junto a EE. UU. y China en chips, centros de datos e IA, fomentando la resiliencia local e impregnando la última revolución informática de valores europeos como la protección de datos. Se espera que el plan movilice cientos de miles de millones de euros(ventana nueva) para la industria local.

Al día siguiente, el Parlamento Europeo dio su propio paso. Actualizaron el buscador por defecto(ventana nueva) de sus navegadores, pasando de Google a Qwant(ventana nueva), un proveedor francés que prioriza la privacidad.

La brecha entre las audaces ambiciones del gobierno europeo, mediante una seria intervención legislativa, y la tímida aplicación práctica dentro de una de sus ramas demuestra lo difícil que puede ser este tipo de transición. Tendrán que migrar cantidades masivas de datos y reciclar a miles de empleados y departamentos. Y tendrán que animar a las empresas europeas a hacer lo mismo. (Las empresas tecnológicas europeas suelen simplificar la migración con herramientas como Easy Switch de Proton).

Al cambiar a Qwant, la UE predica con el ejemplo. Los pequeños ajustes pueden tener un gran impacto; en este caso, los legisladores ya no alimentarán la máquina de vigilancia de Google con todas sus consultas de búsqueda.

Pero tendrán que ir mucho, mucho más allá.

La dependencia europea de la tecnología estadounidense va más allá de las búsquedas

La dependencia de la UE de las grandes tecnológicas (Big Tech) podría convertirse en una amenaza existencial. Las investigaciones de Proton demuestran que las empresas en Europa tienen una asfixiante dependencia de la tecnología estadounidense, lo que incluye infraestructura en la nube, comunicaciones, software de productividad e IA.

Las relaciones entre la UE y EE. UU. están más tensas de lo que han estado en décadas. Los nuevos aranceles(ventana nueva), las escaladas de la OTAN(ventana nueva) y las amenazas abiertas de represalias por parte de Washington(ventana nueva) han ido distanciando a aliados que antes eran cercanos. La infraestructura digital se encuentra justo en medio de esa tensión.

Más de dos tercios de las empresas de España, Francia y el Reino Unido funcionan con tecnología estadounidense. Los tres principales proveedores de la nube (AWS, Microsoft Azure y Google Cloud) son estadounidenses y, juntos, dominan aproximadamente el 85 % del mercado de la nube europeo(ventana nueva). El propio paquete de soberanía tecnológica de la Comisión lo cuantifica: más del 80 % de los productos, servicios, infraestructuras y propiedad intelectual digitales clave de la UE provienen de fuera del bloque(ventana nueva). El gobierno de EE. UU. sabe cómo aprovechar(ventana nueva) esa vulnerabilidad estructural.

Los líderes europeos están tomando nota. El director del Centro de Ciberseguridad de Bélgica, Miguel De Bruycker(ventana nueva), ha declarado que «Europa ha perdido internet»: la infraestructura digital del continente está tan profundamente integrada con las plataformas estadounidenses que mantener los datos totalmente dentro de las fronteras europeas es, ahora mismo, prácticamente imposible. La eurodiputada finlandesa Aura Salla(ventana nueva) lo expresó de forma más cruda: «EE. UU. podría apagarnos en una hora». Francia ya ha anunciado que implementará LaSuite(ventana nueva), un ecosistema digital soberano, para sustituir a Zoom y Microsoft Teams en todos los departamentos gubernamentales para 2027.

Los consumidores también sienten la realidad de esta dependencia. Más de 8 de cada 10 personas en el Reino Unido, Alemania y Francia creen que sus países se han vuelto demasiado dependientes de las empresas tecnológicas estadounidenses, según una encuesta realizada a 3.000 personas en los tres países. Tras las amenazas de Trump de anexionarse Groenlandia(ventana nueva), los registros en servicios que priorizan la privacidad de Proton aumentaron casi un 80 % en los países nórdicos (superando Dinamarca el 100 % de crecimiento por sí sola). El interés por las alternativas es real y se está acelerando.

Lo que está en juego para las empresas europeas

Cuando EE. UU. impuso sanciones a la Corte Penal Internacional, el fiscal jefe perdió el acceso a su bandeja de entrada de Microsoft de la noche a la mañana(ventana nueva) y tuvo que migrar a servicios alternativos solo para seguir trabajando. Del mismo modo, otros funcionarios de la CPI perdieron el acceso(ventana nueva) a los servicios de PayPal y Apple y vieron cómo se congelaban sus activos en EE. UU. sin previo aviso. Al parecer, las empresas tecnológicas estadounidenses se vieron obligadas a cumplir de inmediato las órdenes ejecutivas contra quienes consideraban sus adversarios en Europa.

La pregunta es: ¿se detendrá ahí?

Si eres un líder empresarial, la inestabilidad geopolítica es ahora un riesgo operativo que deja expuestos tu correo electrónico, tus archivos, tus comunicaciones y tu infraestructura en la nube. Si funcionan en plataformas estadounidenses, están sujetos a las leyes de EE. UU., a sus decisiones políticas y a las obligaciones corporativas de sus empresas con el gobierno de EE. UU.

Más allá de la geopolítica, los riesgos estructurales se están agravando. Dado que gran parte de la infraestructura mundial funciona en un puñado de plataformas estadounidenses, estas plataformas se han convertido en puntos únicos de fallo.

AWS, Microsoft Azure y Google Cloud prestan servicio juntos a la gran mayoría del mercado de la nube de Europa, lo que significa que una sola interrupción o un error de configuración no solo afecta a una empresa. Hace caer a ecosistemas enteros de empresas a la vez. Esto ha ocurrido en repetidas ocasiones: una importante caída de AWS a finales de 2025(ventana nueva) colapsó aplicaciones en diversos sectores; nueve días después, una caída de Azure(ventana nueva) dejó sin servicio a Outlook, Teams y decenas de servicios empresariales durante ocho horas seguidas.

Luego está el problema de la exposición de tus datos. EE. UU. exige más datos a las grandes tecnológicas que cualquier otro país del mundo, más que Alemania, Francia y el Reino Unido. El número de cuentas compartidas por Google, Apple y Meta con las autoridades estadounidenses ha aumentado en más del 500 % desde 2014.

Bajo la CLOUD Act, las autoridades estadounidenses pueden exigir los datos de tu empresa incluso si estás en Europa, lo que podría ponerte en conflicto directo con el GDPR. En abril de 2026, la UE impuso a Google, Meta y otras empresas tecnológicas de EE. UU. una multa conjunta de 6.000 millones de euros por diversas infracciones(ventana nueva). La respuesta del gobierno estadounidense no fue fomentar el cumplimiento, sino amenazar con represalias.

Para las empresas europeas que no pueden absorber las multas del GDPR ni permitirse interrupciones del servicio, la dependencia de la tecnología estadounidense es, a la vez, un riesgo de cumplimiento normativo real, una exposición geopolítica y una vulnerabilidad estructural.

Cómo empezar a desvincularse de las grandes tecnológicas

En distintos grados, el paquete de soberanía tecnológica de la Comisión Europea y el paso del Parlamento a Qwant son señales de que las instituciones europeas están despertando e intentando actuar. Para las empresas, no hay motivo para esperar: puedes tomar medidas para adelantarte a los riesgos ahora mismo.

Los pasos que puedes dar son sencillos y prácticos. Y la mayoría de los servicios de EE. UU. tienen una alternativa europea lista en el mercado. Aquí es por dónde empezar:

  • Audita tu stack. Lista cada herramienta de terceras partes que utilice tu empresa y señala cuáles tienen su sede en EE. UU.
  • Identifica tus dependencias críticas. ¿Qué herramientas, si de repente no estuvieran disponibles, impedirían el funcionamiento de tu empresa? (Esto ya debería formar parte de la planificación de la continuidad del negocio).
  • Comprueba la exposición de tus datos. Infórmate de dónde están almacenados los datos de tu empresa, quién puede acceder a ellos y bajo qué jurisdicción legal.
  • Investiga alternativas europeas. Para cada herramienta crítica, averigua si existe un equivalente que no sea de EE. UU. y que priorice la privacidad, y empieza a probarlo.
  • Empieza a migrar allí donde más importe. No necesitas reemplazar todo a la vez: prioriza las herramientas que conllevan un mayor riesgo y haz el cambio.

Europa no ha perdido internet. Pero podría hacerlo si lo único que cambia son las opciones de búsqueda por defecto.